Próxima publicación


¡Hola!

Tengo el inmenso placer de anunciaros que en mayo saldrá publicada mi tercera novela, “Asedio al corazón”.

Será el sello Vergara en la colección Amor y Aventura.

Aún no puedo poneros la portada, pero os dejo la sinopsis:

ASEDIO AL CORAZÓN

San Sebastián. 17 de Agosto de 1719.

Por fin, tras un largo asedio, y la inesperada ayuda del incendio del castillo de la Mota, el Mariscal Duque de Berwick había conseguido tomar la ciudad.

El capitán francés Armand Boudreaux busca supervivientes en el campo de batalla sin saber que va a encontrar malherido a su propio hermano.

Camila es hija del difunto médico, don Arturo de Gamboa, del que todos decían que tenía el Don cuando tocaba a los enfermos. Ella no, pero ayuda en lo que puede socorriendo tanto a españoles como a franceses, criada en la compasión a cualquier ser humano.

Boudreaux sólo tiene dos prioridades en la vida: salvar a su hermano y preservar su corazón, destrozado por una esposa infiel. Camila tiene otras dos: proteger a un pequeño huérfano y dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo de sanadora y a sus pócimas; el amor no puede existir para una mujer estéril.

Ninguno de los dos cuenta con que ni batallas, ni enemistad entre sus países, ni siquiera sus propios deseos, deberán luchar contra una pasión que les arrastrará.

Espero que os guste.

Besitos.

Mi primer Encuentro


Estoy agotado. Tengo las páginas un poco despeinadas y los bordes de las pastas abarquillados. Mi última lectora me acaba de dejar en la biblioteca. ¡Sin leerme! ¿Os lo podéis creer?
No sé si enfadarme con ella por semejante desconsideración; pero por otro lado, he de reconocer que la pobrecita no ha tenido tiempo.
Os lo cuento, que me deshojo de ganas.
El sábado me llevó al “I Encuentro de Yo leo RA”.
¡¡¡¡Síiii!!!! Estuve allí.
Se celebró en San Sebastián de los Reyes y fue todo un éxito.
Lo había organizado —muy bien, por cierto— Merche de Yo leo RA y acudieron un montón de autoras del género y muchísimas lectoras (lectores, también).
Sí, podéis imaginar lo que fue aquello. Todo un día para hablar de novela romántica (hubieran necesitado más). Un montón de lectoras comentando lo que les gustaba del género (qué satisfacción escucharlas). Casi todas las autoras españolas reunidas hablando de sus novelas.
Ains… aún tengo la tinta fresca de tanta emoción y se me alborotan los caracteres solo de recordarlo.
Fue fantástico y casi me hace perdonar que no me haya leído. Casi.
Espero que este encuentro se vuelva a repetir y que, otra vez, me lleven para presenciarlo todo.
Y ahora, perdonadme, pero voy a contarles a mis compañeros de balda, todo lo que sucedió en este fin de semana tan ajetreado.
Para que no os enfadéis, os dejo una fotografía de casi todas las autoras que asistieron.
Hasta la próxima.
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¡Han vuelto!

Sí, hoy les hemos visto por aquí.

Llevaban varios meses sin venir y empezábamos a temer lo peor.

¿Qué no sabéis a quiénes me refiero? No me extraña, después de tanto tiempo.

¡Darío y Dorotea! Ni más ni menos.

En cuanto les he visto llegar he puesto toda mi atención en averiguar qué había pasado para tan larga ausencia. No he tenido que esperar mucho, pues enseguida les han rodeado los otros ancianos para interesarse por ellos.

Por lo visto, poco antes del verano, Darío resbaló y cayó al suelo. Tuvieron que ingresarle en el hospital; se había roto la cadera.

Imagino el dolor que pasó el pobre hombre. Pero algo bueno salió de todo eso. Dorotea fue a visitarle y allí se encontró con Marta y Alberto, los hijos de Darío.

No os imaginéis que todo fue miel sobre hojuelas. No, nada de eso.

Las cosas nunca son tan fáciles.

Marta, que tras hablar con su padre había decidido conocer a Dorotea, se acercó a saludarla. Por el contrario, Alberto continuó tecleando frenéticamente en su Blackberry sin hacerla el menor caso.

Ni que decir tiene que Darío se sintió mortificado por los malos modales de su hijo, y le hubiera dado un buen pescozón de no haber estado atado a la cama.

¡Estos hijos…!

Dorotea, que es toda una dama, dejó pasar el desaire y centró toda su atención en su amado.

Tras la visita, Marta se ofreció en acompañar a Dorotea hasta su casa y durante el trayecto estuvieron hablando.

Cuenta Dorotea que casi la sometió ¡al tercer grado!, pero que ella se prestó gustosa cuando vio lo preocupada que estaba por Darío. Al final Marta decidió que la anciana no presentaba ninguna amenaza para su padre y terminó por abrazar a la mujer, que estaba tan preocupada por él, como ella misma.

¡Ay! No puedo seguir. Viene la bibliotecaria a ordenar las baldas y no quiero que me encuentre demasiado alborotado, no sea que me incluya en el próximo expurgo.

Otro día os cuento el resto.

Hasta otra,

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Ya están aquí


Ya están aquí. Parecía que no iban a llegar nunca, pero ya lo han hecho.

Hace días que las calles están iluminadas con guirnaldas de colores, estrellas brillantes, cascadas de luces… Todo preparado para recibir estas fiestas.

Imagino que el árbol y el nacimiento adornaran muchas casas, y el olor de comidas deliciosas, impregnara los hogares.

Tengo algunas manchas de masa de bizcocho de las Navidades pasadas. La lectora era incapaz de soltarme. ¡Qué satisfacción!

La biblioteca ha estado un tanto triste. La mayoría de los usuarios están liados con las compras para las cenas y comidas, o buscando el regalo prefecto. ¡Nada mejor que un buen libro!

A mí me han dejado olvidado en mi balda y mato el tiempo observando a los pocos que se acercan. Si para Nochebuena no me han llevado, imagino que pasaré aquí la noche. Si os soy sincero, no me importa. Me gusta el ambiente que se crea entre los libros.

La Biblia nos contará el pasaje del Nacimiento de Jesús y nos ayudará a recordar la razón de que celebremos estas fiestas.

Luego, cada uno de nosotros, buscará entre sus páginas, escenas ocurridas o relacionas en estas fechas y las recitaremos para el resto.

Yo tengo una muy bonita y emotiva, que seguro les gusta.

¿Os parezco vanidoso? Pues no lo soy, es que he escuchado más de un suspiro cuando la han leído, así que no creo que me equivoque.

No quiero entreteneros más, intuyó que estáis pendientes de salir a comprar o escribiendo felicitaciones a vuestros familiares y amigos.

Desde esta biblioteca:

¡Os deseamos Felices Fiestas y un Próspero año 2011!

Hasta la próxima vez.

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Milagro en las bibliotecas


Hace tiempo que no os contaba nada. Espero que me perdonéis por haber sido tan desconsiderado.

Aquí, en la biblioteca, todo ha sido un caos. El expurgo ha durado más de lo esperado y, pese a saber que no seríamos destruidos —en el caso de ser elegidos para tan funesto fin—, hemos estado un tanto alborotados.

¿Cómo no estarlo? Poneos en mi lugar.

Pero bueno, no es de eso de lo que os quería hablar.

Con los cursos en marcha, hemos vuelto a la rutina. Los ancianos, que ya no tienen que cuidar de los nietos mientras los padres trabajan, han vuelto por la biblioteca y con ellos las peleas por los diarios.

El otro día oí comentar a una de las bibliotecarias que el recinto era milagroso. Yo también lo había pensado, no creáis.

Sólo hay que observar y vosotros también pensaréis lo mismo.

Os lo cuento:

Todas las mañanas, los ancianos van llegando con su característico arrastrar de pies, a golpe de bastón o de muleta. Un grupo de hombres y mujeres de andar despacio y algo quejumbroso. Pero todo eso cambia al cruzar el arco de seguridad de la entrada. En ese momento, sus pies parecen tener alas, el bastón se convierte en un arma para apartar a los incautos y el gesto de dolor cambia por un gruñido de guerra.

Los cojos, andan sin la ayuda del bastón; los que oyen mal, son capaces de captar hasta el más leve crujido del papel; lo que casi no ven, parecen haber adquirido los poderes de visión de Superman y localizan los periódicos del día en un Santiamén.

Atentos los del Vaticano, ¡es impresionante!

Estalla la guerra del diario. Todo vale con tal de alcanzar los apreciadísimos ejemplares.

Manos nudosas y artríticas, asen con extraordinaria fuerza el papel, en un tira y afloja, hasta que se declaran los vencedores o vencedoras.

Después, cuando los carraspeos de las bibliotecarias los llaman a comportarse con decoro, se establece el orden de los turnos y se hace el silencio.

¿Qué no me creéis? Pues os animo a que visitéis a primera hora cualquier biblioteca pública y luego me contáis.

Seguro que os lleváis una sorpresa.

Hasta pronto.

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Día de expurgo

Ahí viene el carro.

Quisiera decir que con un chirrido de ruedas, como en las películas de miedo, pero eso sería mentir y no voy a hacerlo.

Esto es muy doloroso. Tratad de imaginarlo. Nosotros, los libros de la biblioteca, sabemos que tarde o temprano nos tocará, pero intentamos no pensar en ello.

Desde el momento que llegas aquí, empieza la cuenta atrás. Cada vez que te leen, te manosean, te tratan sin cuidado, te llevan a la playa, te mojan…, te van acercando inexorablemente al momento en que en la biblioteca tomaran la decisión de apartarte del fondo y llevarte a...

¡Se me encogen los caracteres de solo pensarlo!

Cuando las vemos llegar, lista en mano, empujando el carro vacío, se hace un silencio sepulcral en las baldas. Todos contenemos el aliento, apretujamos las hojas, nos enderezamos, alisamos nuestras portadas y rezamos a nuestro Señor Gutemberg para que pasen de largo y nos dejen otra temporada en esta casa.

Si hemos tenido suerte y no estamos en su lista, respiramos tranquilos, eso sí, sin dejar de mantenernos firmes, cual soldaditos de plomo en una vitrina.

Desde que estoy aquí he visto pasar ese carro muchas veces. He sido testigo de los gritos agónicos de compañeros que tuvieron menos suerte que yo. Les he visto llorar tinta, mientras las bibliotecarias, ajenas a ese desmesurado sufrimiento, lo tiraban en el carro, ya sin miramientos ni contemplaciones. Al fin y al cabo, su destino era… desaparecer.

¡Sí! Hay que decirlo en alto para que se sepa. ¡Desaparecer!

¿Os habéis preguntado alguna vez, qué sucede con los libros que están obsoletos o muy estropeados?

Pues que los destruyen, los convierten en pulpa de papel y desaparecen.

Mi parte romántica quiere pensar que en realidad no desaparecen del todo y que una parte queda en cada una de las hojas de los libros nuevos.

—¡Uf! Menos mal que han decido dejarlos en una mesa, a la entrada —dice una de las bibliotecarias, aliviada.

—Sí. Seguro que los usuarios se los llevan a su casa —contesta la otra.

—Un destino mejor que terminar en la trituradora.

¡Bien! ¡Por fin una buena noticia!

Puedo sentir como mis compañeros sueltan el aire y respiran mas sosegados. Parece que, después de todo, los elegidos no serán destruidos. ¡Alabado sea Gutemberg!

Hasta otra.

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¿Vacaciones?

Siento haber tardado tanto en volver por aquí. He estado de vacaciones. ¡Sí!

Aunque tengo que aclarar que no han sido como me había imaginado.

Mi lectora me llevó en su bolso para leerme mientras esperaba el vuelo en Barajas. La terminal estaba abarrotada de viajeros despistados, somnolientos, eufóricos o aburridos, que buscaban su puerta de embarque. El movimiento era tal que ella no conseguía concentrarse en mí, así que terminó por devolverme al bolso.

Tuve que conformarme con escuchar lo que sucedía a mi alrededor sin poder ver nada.

En aquel momento tendría que haberme dado cuenta. Aquello era una señal de lo que sería la tónica general del viaje.

No soy perfecto, lo reconozco.

Volvió a sacarme cuando embarcamos.

Ya estaba impaciente por salir de allí.

¡Bah! Para lo que sirvió.

El paisaje era demasiado hermoso como para obviarlo, por lo que ella prefirió mirar por la ventanilla en lugar de seguir con mi historia.

Vale, ya sé que contemplar las nubes flotando junto al avión o ver el suelo parcheado de tonos verdes o terrosos, como si fuera una colcha de patchwork, es interesante y todo eso, pero ¡mi historia es preciosa!

Nada, que ella me abandonó sobre su regazo.

Para cuando aterrizamos, mis hojas estaban hinchadas y mis caracteres abotargados por la presión. ¡Menos mal que no tenía que andar!

Lo bueno de todo es que mi lectora se olvidó de meterme en su bolso y pude empaparme de todo hasta llegar al hotel.

Triste consuelo.

Por favor, os lo suplico, cuando vayáis de vacaciones no llevéis un libro a menos que estéis seguros de que tendréis tiempo de leer.

He pasado siete días sin ver la luz del sol, en el fondo de una maleta. ¿Esa es la idea de unas vacaciones? Definitivamente no.

Hasta otra.

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Pilar Cabero - escritora

Pilar Cabero - escritora
Bienvenida amable lectora y también a ti, lector, a mi humilde casa. Elige un sitio para sentarte y ponte lo más cómodo posible. Sí, ese de ahí está bien. Deja las prisas fuera y disfruta del momento. Puedes quitarte los zapatos y arrellanarte en el sofá. Si tienes paciencia y esperas un poco, pondré algo de música para ambientar. Espero que pases un rato agradable y siéntete como en tu casa.

Puedes escribirme en: correo
Gracias por tu visita.

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