Días de playa


Ya desde el lunes habíamos empezado con temperaturas primaverales. En seguida se notaron menos visitas en la biblioteca. Más sillones vacíos para sentarse y leer, más ordenadores libres, menos alboroto en la zona infantil… En fin, mucha tranquilidad.
Mi lectora me recogió el mismo lunes a última hora, cuando ya pensaba pasar otra noche en la balda de la “C”.
Vino oliendo a bronceador de coco y con la sonrisa satisfecha de quien ha pasado la tarde disfrutando del sol.
Ahgggg, ¡La playa! Había olvidado lo irritante que es la arena entre las hojas y lo mucho que el sol reseca el papel. Por favor, tened en cuenta eso cuando nos llevéis allí.
Ayer me tocó mi primer día playero de este año. Menos mal que mi lectora, una mujer cuidadosa, se limpió el bronceador de las manos antes de tocarme. Os aseguro que no siempre lo hacen y terminan manchando mis páginas sin importarles siquiera. ¡Un descuido imperdonable!
Debo confesar que disfruté mucho. La brisa marina refrescó mis hojas; el sol no calentaba tanto como para resecarme y ella, cuando al fin me guardó en el bolso antes de regresar a su casa, tuvo mucho cuidado de que no quedase ni un granito de arena entre mis páginas.
Un gran día, sí Señor.
Creo que hoy repetimos y ya tengo ganas.
Vamos a la playa, oh, oh, oh…
Hasta pronto.
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¡Qué locura!

Estoy inmersa en la corrección de mi última novela y deseando acabar para ver el resultado.
Al llegar a este punto, siempre me siento como si ya hubiera comenzado a despedirme de los personajes. Cual madre que les empezara a dejar libres (¡Cómo si alguna vez hubieran estado atados!). Es triste y a la vez liberador. Pero sobre todo: necesario.
El otro día, en cuanto cerré el Word hasta el día siguiente, mi mente se vio asaltada por un par de nuevos personajes. No tardaron en presentarse y en dar todo tipo de detalles para que les conociera bien.
¡Por Dios, si aún no había acabado con los anteriores!
Luego, sin hacer caso a mis suplicas de que esperasen unos días para contarme sus vidas, continuaron relatándome sus problemas entre peleas e insultos. ¿Cómo es posible que se lleven tan mal? Vale, reconozco que les han hecho una trastada y muy gorda, pero de ahí a que parezcan dos perros rabiosos…
El caso es que ahora mi cabeza es un bullicio de voces diferentes que se pelean por hacerse oír. Unos a punta de espada y los otros esgrimiendo un portátil.
¡Piedad!
A este paso no sé cómo lograré acabar la corrección sin que estos nuevos personajes interfieran en una historia que no es la suya. O, sin que terminen por volverme loca.
¡Ya voy! ¡Callaos un rato! Todavía no es vuestro turno.
En fin. Si tardáis en saber de mí, buscadme en algún sanatorio.
Besitos.

Excusatio non petita, accusatio manifesta

El hombre ha entrado en la biblioteca y después de saludar a las bibliotecarias se ha dirigido directamente a las baldas. Yo lo he visto muchas veces por aquí.
Hace mucho tiempo mis compañeros me contaron lo sucedido con ese lector. Al parecer el hombre siempre se llevaba novela romántica y un día, sin que la bibliotecaria de turno le hubiera preguntado nada, él le explicó que eran para su mujer.
Días más tarde, cuando el lector regresó para devolver las novelas volvió a coincidir con la misma bibliotecaria. Esta vez le dijo sin sutilezas que los libros eran para él. Que la vez anterior le había mentido porque se avergonzaba de leerlos. Luego, después de haberlo pensado mucho, había decidido no ocultar una afición que le relajaba después de un trabajo, psicológicamente, agotador y muy estresante. Al fin y al cabo no hacía ningún mal con ello.
¡Bien por él! Otro que ha salido del armario de los lectores de novela romántica.
Y con tanta divagación no me he dado cuenta de que está mirando la sección de la “C”. ¡Por Cervantes, y yo sin prepararme!
Él tiene la cabeza inclinada para leer mejor los títulos. Yo aguanto la respiración para que llegado el momento pueda sacarme sin problemas. Se acerca. Espero impaciente y…
¡Síiiii...! ¡Me ha cogido! ¡Me tiene en sus manos!
Lee mi sinopsis, sonríe y, sin soltarme, sigue mirando los demás títulos por si encuentra otro más para llevarse.
Soy un poco cotilla, lo sé, pero tengo unas ganas locas por saber en qué trabaja.
Y ahora, permitidme que disfrute de este momento de felicidad. Después de todo: me paso el día esperando que me lleven.
Hasta otra.
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Perdido

Estaba pedido. ¡Sí, perdido! ¿Podéis creerlo?
Olvidado, sin leer y cogiendo polvo. Esa no era la idea que yo tenía de un préstamo. Pero estos días así han sido las cosas para mí.
Todo empezó hace un mes. Una lectora algo despistada (ya me habían advertido de eso mis compañeros de balda, aunque yo no les hice caso), me tomó prestado de la biblioteca.
Me llevó a su casa junto a tres libros, que había comprado ese día y nos colocó encima de una pila de revistas de decoración a la espera de ser leídos.
Unos días más tarde se presentó su hermana con su hijo; un bebé de dieciocho meses (lo sé porque ella misma lo comentó) inquieto y curioso.
Al niño enseguida le llamaron la atención los colores de las portadas de las revistas y comenzó a tirar de ellas para verlas mejor. En la lucha libros y revistas caímos al suelo. ¡Vaya batacazo!
Las dos mujeres se levantaron con presteza para recogernos y una de las dos, de una patada, me envió bajo el sofá.
Las vi recoger todo y volverlo a ordenar sobre la mesa. Esperaba que en cualquier momento se acordaran de mí y me sacaran de aquel lugar claustrofóbico. Pues no, no fue así. Se olvidaron por completo de que yo no estaba junto al resto de libros. ¿Cómo podían borrar de sus mentes una portada tan espectacular como la mía? Imagino que fue porque mi lectora le estaba hablando de un chico que conoció en el avión y estaba muy emocionada.
Durante días mi campo de visión se redujo a contemplar las punteras y talones de los zapatos. (Por cierto, si me estás leyendo, tu madre necesita llevar los suyos al zapatero para que le cambien las tapas).
No fue hasta que recibió una carta de la biblioteca recordándole que se le había acabado el plazo y que aún no me había devuelto, que no se acordó de que no me había visto.
Puso toda la casa patas arriba. Le vino bien para encontrar el número de teléfono del chico que conoció en el avión, y que creyó haber perdido. Y una lista con las propuestas para el nuevo año que escribió durante la Navidad.
Al final me descubrió solo y aburrido bajo el sofá del salón.
—Así que estabas aquí. Bueno, pues como ya no puedo evitar la sanción, esperaré a leerte antes de llevarte a la biblioteca.
¡Oh, por Gutenberg! Esa es la mejor noticia que he tenido desde que comenzó el año.
Ahora está sentada en ese mismo sofá, enfrascada en mi lectura y suspirando de vez en cuando por mis escenas, algo tórridas. Sus manos peinan cada una de mis hojas. Me acaricia con cariño.
Y yo… ¡¡¡¡¡ Soy feliz!!!!! ¿Qué más puede desear un libro?
Hasta otra.
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Te amo - Pilar Cabero

La primera vez que me lo dijo aún éramos novios. Fue tan sorpresivo, que no supe qué decir.
Después, una vez casados, lo fue repitiendo al mismo ritmo con el que crecía mi torpeza. Lo aseguró, incluso, delante de nuestros hijos.
Ahora se lo oigo decir cada vez más bajito, aunque sé que él lo está gritando. Y por fin comprendo que durante todos estos años, le he estado oyendo mal:
—Tu amo, tu amo, tu amo…
Y el cuchillo baja una y otra vez.
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Relatos solidarios desde internet


He descubierto esta iniciativa y aunque no sé si participaré, quiero ponerlo por si queréis participar vosotr@s. Lo he copiado directamente del blog de Javier Rivas.

Relatos solidarios desde Internet
Palencia, 6 de Diciembre de 2008
Estimados amigos:A quienes os dedicáis a escribir relatos y además tenéis un blog con presencia continuada en Red quiero pediros que regaléis un cuento, de extensión máxima un folio (doble espacio, tamaño 12 y una sola cara). Con esos relatos publicaremos un libro llamado “Relatos Solidarios desde internet” o parecido – se admiten propuestas – con 50 cuentos, cuya recaudación por venta será donada íntegramente al apadrinamiento de niños a través de la Fundación Vicente Ferrer.
www.fundacionvicenteferrer.org/esp/
La publicación de los 100 primeros ejemplares ya está garantizada. Intentaremos hacer una tirada mayor si las empresas a las que voy a dirigirme colaboran un poco con este proyecto. Por tanto, si quieres ayudar, manda tu relato antes del 1 de marzo de 2009 a mi correo electrónico (javierribas@erabradomin.org), indicando además la dirección de tu blog. En caso de recibir más de 50 textos tendré que seleccionar. Para ello pediré la ayuda de los miembros de la Asociación de Escritores en Red http://www.erabradomin.org/ ya que yo no me considero un buen crítico.
Hasta la fecha límite de recepción, y siempre con vuestra autorización, iremos publicando los textos recibidos en mi blog.
Un fuerte abrazo a todos y adelante. Podemos hacer cosas. Mandarme vuestro mejor cuento.
Javier Ribas
Si pinchas en la fotografía podrás leer los relatos que ya se han enviado.

Ay, ay, ay.


Pues sí, ya se han terminado las fiestas y todo vuelve a la normalidad.
Bueno, no tanto, la nieve cubre las calles y los resbalones están a la orden del día. Cuando veníamos para la biblioteca, hemos tenido un accidente: mi lectora ha patinado en medio de la acera y tras mover los brazos como si fueran aspas de molino, ha conseguido estabilizarse y no dar con su culo en el suelo.
Claro que yo no he tenido tanta suerte. La bolsa donde me llevaba se ha rasgado y he salido despedido. Tras aterrizar a varios metros con las pastas sobre la nieve, me he quedado con las hojas sacudidas por el viento y absorbiendo la humedad de los copos que caían sin descanso.
Brrrrrr, ¡qué frío!
Ella me ha cogido enseguida y ha empezado a sacudir la nieve que manchaba mi portada. Lo malo es que ha puesto tanto ímpetu, que he temido despedazarme del todo.
Una vez satisfecha, hemos entrado en la biblioteca.
Ay, bendito calor.
La lectora ha sido tan amable de contar a la bibliotecaria el accidente que acababa de ocurrir y enseguida me han puesto a secar sobre uno de los radiadores.
Una hora más tarde mis hojas estaban completamente secas y yo esperando a que me llevasen a mi lugar correspondiente o —no caerá esa breva—, al expositor de novedades. Empezaba a aburrirme y quería saber qué tal habían pasado las fiestas mis compañeros de fatigas.
El primer estornudo me ha pillado desprevenido y casi me caigo del radiador. Mis pobres letras se han pegado al papel como lapas para no salir despedidas con los siguientes.
Para cuando me han puesto en mi balda de siempre, no tenía fuerza para mantenerme erguido y me han tenido que sujetar entre dos de mis colegas.
¡Qué balito esdoy!
Pero que mi esdado dan deblorable no os imbida ir a la bibliodeca, bor favor.
¡Hasda brondo! Aaaachísssssss!!!!!
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Nota: La fotografía es de un óleo que pinté hace unos años.

Pilar Cabero - escritora

Pilar Cabero - escritora
Bienvenida amable lectora y también a ti, lector, a mi humilde casa. Elige un sitio para sentarte y ponte lo más cómodo posible. Sí, ese de ahí está bien. Deja las prisas fuera y disfruta del momento. Puedes quitarte los zapatos y arrellanarte en el sofá. Si tienes paciencia y esperas un poco, pondré algo de música para ambientar. Espero que pases un rato agradable y siéntete como en tu casa.

Puedes escribirme en: correo
Gracias por tu visita.

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