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Etiquetas: Capítulos retirados
El día 17 de noviembre se hizo entrega de los premios al 1º Certamen de Relatos Cortos llamado Historias de Lurraldebus.
Tengo que deciros que mi relato, Las vistas perdidas, quedó entre los finalistas. Os lo pongo por si queréis leerlo.
La página de Lurraldebus es está. Ahí podréis descargaros los relatos premiados.
Un abrazo.
LAS VISTAS PERDIDAS
Pilar Cabero
Como los primeros asientos individuales estaban ocupados, de mala gana me senté en uno doble al lado de la ventanilla. Cada vez odiaba más viajar en autobús. Siempre lo había hecho en mi propio coche.
No tardó en sentarse una mujer a mi lado. Olía a Agua de rosas. Maite siempre usaba esa colonia. Apreté los dientes ante el recuerdo.
—Perdoná, pero ¿querés hacerme un favor? —empezó a hablar mi compañera de asiento.
¡Joder! Me había tocado una de esas personas que son incapaces de estar sin hablar. Eso era lo que menos soportaba de utilizar el transporte público. Tenía ya una excusa mordiente en los labios, cuando ella siguió hablando:
—Me mudé acá hace poco y, sin duda, viste que soy ciega. ¿Por qué no me hacés el favor de describirme lo que ves por la ventana? Es para hacerme una idea de cómo es el trayecto.
¿Me estaba tomando el pelo esa argentina? ¿Se burlaba de mí? Desde luego que no quería describirle el puto paisaje. No tenía ganas de hacerlo. Crucé los brazos y fruncí el ceño. Me iba a negar. Que se buscase a otro jodido Cicerone. El autobús arrancó en ese momento. Las conversaciones se solapaban unas con otras, creando el guirigay que tanto me agobiaba. Unos meses atrás no me hubiera importando, pero ahora… ahora todo era diferente.
—Me parece que te molesté. Perdoname, ¿sí? —se disculpó ella; su voz sonó apenada.
Era joven y estaba ciega. Me sentí un desalmado. Yo antes no era así. Tampoco me costaba tanto describir un paisaje que había visto muchas veces, ¿no? ¡Joder, sí! Si que me costaba. Era demasiado doloroso.
Pensé en bajar en la siguiente parada y comprendí que eso era imposible: Alberto me esperaba en Donostia y se subiría por las paredes si no llegaba en ese autobús. Tal vez pensara que por fin había hecho lo que llevaba amenazando desde meses atrás: no presentarme para seguir con las lecciones. No, definitivamente debía seguir en el puto autobús. Sabía que Alberto estaba llegando al límite de su paciencia y no aguantaría mucho tiempo más. No se lo reprochaba; me estaba comportando como un gilipollas y no sabía cómo él era capaz de soportarme.
Oí suspirar a mi compañera de asiento. ¡Joder, joder, joder! ¡Vaya marrón!
—No… sólo estaba pensando cómo empezar —mentí. Me salió la voz ronca porque últimamente hablaba muy poco. Ya ni mis amigos me llamaban y no los culpaba por eso. Carraspeé—. Esta parada está a la entrada del pueblo. Hay dos plazas. Una tiene árboles. Plátanos que seguramente empiezan a brotar.
Me sentía estúpido describiendo. Imaginé que los otros pasajeros me estaban mirando, pese a que los oía enfrascados en sus conversaciones. A mí nunca se me habían dado bien esas cosas. Soy (o mejor dicho, era) informático. Lo mío son las programaciones, no las descripciones paisajísticas. Joder.
—Oí muchas voces de niños. ¿Hay hamacas por acá? Columpios, digo —Su pregunta me devolvió a la realidad.
—Bueno, sí… también hay columpios. Varios bares y una caja de ahorros. A la salida del pueblo hay una central eléctrica. Su chimenea se divisa desde San Sebastián.
Callé un momento. No sabía cómo seguir. Ni siquiera tenía ganas de continuar. Era una soberana estupidez. Cualquiera que me viera pensaría que estaba fumado. ¿Qué hacía yo describiendo las vistas?
Luego recordé a mi compañera y sentí una punzada de culpabilidad.
—Estamos pasando por el puerto de Pasaia —continué, resignando ante la situación—. A la derecha, más abajo, hay montones de chatarra. Nunca me ha quedado claro si los barcos la traen o se la llevan. Supongo que no tiene importancia.
»Hay un barco que transporta coches y al lado una estructura donde los guardan hasta que los camiones se los llevan. A la izquierda es todo monte. Cada vez que llueve mucho, se desprende parte de él y cae a la carretera.
—Pero entonces el pueblo queda aislado, ¿no? Me explicaron que más allá está el mar. Que sólo es esta carretera —declaró la joven.
—Bueno, sí, pero siempre se puede cruzar a San Pedro en una motora —aclaré, encogiéndome de hombros.
—Perdoná, te corté. Por favor, seguí; lo estabas haciendo re-bien.
¿Que lo estaba haciendo bien? Con poco se conformaba la argentina.
—Los árboles estarán llenos de brotes. Es increíble la cantidad de tonalidades de verde que hay. Una vez oí que es el color que más variantes tiene. He olvidado decirte que por la parte derecha, al borde de la carretera, hay una acera que pocas veces está vacía. Viene mucha gente paseando hasta el pueblo. Los domingos por la mañana, si hace buen tiempo, parece un camino de hormigas. —¿Me estaré enrollando demasiado?—. Ahora entramos en Lezo. El autobús pasa por la parte menos atractiva. En el interior es un pueblo con mucho encanto.
Callé hasta que salimos de la parada y volvimos a arrancar.
Recordé las veces que había salido con mis amigos y con Maite a recorrer los bares de la zona. ¿Cuánto hacía de eso? Sólo unos meses, pero parecía que me hubiera ocurrido en otra vida.
—En estos momentos bordeamos otro parque infantil —retomé la descripción, para no pensar en aquellos días—. Me han dicho que hace unos meses han construido un skatepark y que siempre está lleno de chavales haciendo piruetas con el patinete. Cuando era pequeño me gustaba mucho jugar con él.
Lástima que en aquel tiempo no hubiera habido ese tipo de parques. Suspiré, repentinamente cansado. Las cosas cambiaban de un día para otro. Yo lo sabía mejor que nadie.
Empezaba a hundirme en la desesperación. Joder, ¡basta ya! Más me vale empezar a aceptar la situación de una vez. No va a cambiar por mucho que quiera negarla.
—¿Ya te cansaste de describir? —indagó ella un rato más tarde. Por lo visto, me había callado demasiado tiempo.
—No; simplemente, pensaba —declaré con una sonrisa triste. Noté que ya habíamos llegado a la siguiente parada—. Estamos en Errenteria. Es una villa bastante grande. El autobús sólo pasa por la carretera general. Desde esta parada puedes ir a Oiartzun, a Irún o a Hondarribia. Generalmente, aquí suben muchas personas y nos toca ir apretados.
—Sí, ya noté que tardábamos en salir —bromeó ella. Tenía una voz muy dulce—. Me olvidé de preguntarte: ¿viajás hasta San Sebastián?
Asentí, pero entonces me di cuenta de que ella no podía verlo, así que le dije en voz alta que sí.
—Genial, así vos podrás contarme todo lo que veas hasta el final. —Calló un instante—. Bueno, si no te molesta, claro. Ya te jorobé bastante.
—No, no me importa —le corté, y estaba diciendo la verdad—. Mientras hablábamos hemos salido de Errenteria. Desde aquí se vuelve a ver el puerto de Pasaia, pero ahora desde el otro lado. Hay muchos montones de chatarra y cuando andan cargando o descargando barcos, el ruido es un incordio. El ruido y el polvo rojizo que se mete por todas partes.
»El sol de la mañana se refleja en el agua…
—¡Pero si hoy está nublado! ¿Viste? —protestó ella con una risita—. Soy ciega, loco, no tonta.
No pude reprimir una carcajada. Me salió un poco extraña. No era la mía. También estaba oxidado en eso.
—Vale, pero imagina que el sol está a nuestra espalda y se refleja en el agua del puerto. —La oí reír y eso me reconfortó—. Hemos entrado en Pasai Antxo. Por fin se han acabado las obras que obligaban a cruzar el pueblo en caravana. ¡Menudo incordio!
—Eso es lo malo de las obras, que nunca sabés cuándo se terminan —añadió ella con su voz sonriente y ese acento que envolvía.
—Ésta es la parte que más me gusta. El autobús coge velocidad mientras dejamos a la derecha la parte del puerto que pertenece a
—Oí hablar de él. Qué, ¿ya no lo van a hacer?
—Ni idea —contesté, alzando un hombro. Maite lo hubiera sabido. Siempre estaba pendiente de la moda. Otra cosa que no quería recordar—. Hace un rato que estamos en la zona de Donostia.
Seguí describiendo. Ella me preguntaba algunas cosas, pero en general se mantenía en silencio. Supuse que trataba de imaginarlo y por eso me entretuve más con los detalles. Ahora que me había soltado a hablar no me costaba tanto. Ella no me conocía. No sabía quien era yo, ni lo que me había pasado. Por primera vez, en meses, me sentía bien. Casi podía fantasear que nada había sucedido.
—Dentro de poco se podrá ver el mar al final de la avenida. Es la playa de
—¿Ya llegamos al Palacio Kursaal? —preguntó interesada.
—Sí, los cubos están a la derecha. Al principio no los podía ni ver. Luego me he ido acostumbrando a ellos. Por la noche no están tan mal.
Bufé. Era de lo más gracioso. Como si “el de arriba” hubiera querido gastarme una jodida broma.
—Te agradecería que no me hicieras describirlos. No les haría justicia.
—Ya me di cuenta de que no te gustan nada. —Volvió a reír.
—Acabamos de cruzar el puente. A la derecha está
—Recuerdo el reloj de mi viejo. Cuando aún podía ver, me gustaba decirle la hora y darle cuerda. Después me conformé con escuchar el tic-tac. —Sus palabras estaban impregnadas de añoranza.
—Nos hemos detenido. Vaya, se ha acabado el viaje —dije, con tristeza—. ¿Adónde vas?
—Voy a la casa de una amiga. No te preocupés, ella me viene a buscar —añadió—. Fue un placer conocerte. Estamos otro día, ¿sí? Pero tenés que sacudirte esa tristeza, loco. La vida tiene cosas maravillosas. Chau, un gusto.
Oí el bastón al rozar en el suelo y una voz que gritaba desde fuera:
—¡Marta! Al fin llegaste, me tenías preocupada. Dejá que te ayude a salir. ¿Pero vos no le tenés miedo a nada, mujer?
—Si vivís con miedo, no vivís —contestó ella, mientras se alejaban.
Sus palabras reverberaron en mi cabeza. Recordé el accidente que mató a Maite y a mí me dejó así. Era cierto: si vivías con miedo, no vivías.
Empecé a sonreír, primero tímidamente y después de manera abierta. Luego desplegué mi propio bastón blanco y rozándolo delante de mí, bajé del autobús. En seguida noté en el hombro la mano de mi guía.
—Buenos días, Mikel —dijo Alberto—. ¿Era una sonrisa lo que tenías en la cara o es que te has tragado un lápiz?
Pasai Donibane, 4 de junio de 2009
Etiquetas: Premios
Hola amig@s,
Sí, ya sé que hace mucho tiempo que no os contaba nada. He estado muy ocupado de un lado para otro.
¡¡¡Bien!!!
No me han dejado parar mucho tiempo en la balda. Se nota que ha corrido la voz y han sido muchas personas las que han querido leer mi estupenda historia.
Vale, estoy pecando de vanidad, pero ¿qué queréis? No todos los días oyes hablar tan bien de una novela.
¿Qué? ¡Ah! Que ya lo sabéis y preferís que os cuente otra cosa.
Bien, pues esta mañana en la biblioteca ha sucedido algo muy curioso.
Os cuento:
Todas las mañanas, cuando se abren las puertas, un grupo de jubilados y alguna que otra jubilada, entran en tropel, golpeando el suelo con el bastón o la muleta; pendientes de ser los primeros en hacerse con el periódico del día.
Evidentemente son los más ágiles los que se alzan con el premio; los demás, deberán esperar, manteniendo el turno, a que los preciados diarios queden libres.
Bien, pues esta mañana ha sucedido lo mismo, sólo que esta vez un anciano y una señora han seguido peleándose por el periódico sin ceder ni un milímetro. A tanto a llegado la gresca, que ha tenido que intervenir una de las bibliotecarias para poner orden en la estancia.
El hombre mantenía que él lo había cogido primero; la mujer argumentaba lo mismo.
Los libros de mi balda, han empezado a hacer apuestas sobre quién se iba a quedar con el diario. La novela histórica, muy delicada, ha defendido que él debería cedérselo por caballerosidad. La contemporánea, con las páginas erizadas de indignación, segura de que eso sería machismo, lo ha proclamado a los cuatro vientos.
Mientras, en la biblioteca, la discusión entre los jubilados, ha seguido sin visos de acabar. La mujer señalaba que ella sólo quería hacer el crucigrama y que se conformaba con que le dejara esa hoja. No pedía todo el periódico.
El hombre, terco, ha seguido negándose: la hoja de los pasatiempos esta unida a la de las noticias más importantes y él no quería perdérselas.
Las apuestas han subido entre los de mi balda, y los de enfrente han empezado a participar con avidez. Eso parecía las Regatas de
La pobre bibliotecaria, como Salomón frente a las madres, seguía sin decidirse a quedarse con el diario ella misma o…
—¿Por qué no hace una fotocopia al crucigrama? —ha preguntado, inspirada.
¡¡¡Por fin había solución!!!
Los dos ancianos, suspirando aliviados por haber conseguido lo que buscaban, se han avenido enseguida a ese arreglo.
Creo que la bibliotecaria se ha quedado aún más satisfecha por haber instaurado la paz en el lugar.
No, no penséis que todo ha sido tranquilidad a partir de ese momento. No. En el mundo de los libros, ha empezado otra cruzada: ¿Quién ha ganado de los dos? Ninguno lo tiene claro.
Aún siguen con el tema y creo que no tiene pinta de que vayan a ponerse de acuerdo en algún momento.
Han requerido la intervención de los libros de leyes, que muy serios y circunspectos están buscando solucionar el tema.
Espero que lo arreglen antes de que cierren la biblioteca, de lo contrario será una noche de deliberaciones muy muy larga.
¡Ya os contaré la resolución!
Hasta otra.
Todos los derechos reservados©
Etiquetas: Memorias de un libro romántico.
Como podéis ver el blog ha cambiado un poco. Hace un año que lo creé y se hacía necesario renovar.
Tranquilos, no he hecho un cursillo acelerado ni nada por el estilo. Sigo siendo una nulidad con estas cosas y en cuanto me sacas del Word ya estoy perdida.
No, la artífice de esta preciosidad es mi sobrina María que, con catorce años, es capaz de hacer cosas así, sin despeinarse. ¡Qué envidia!
Mi niña, tendrás que darme clases para ponerme al día con esto.
Os habréis fijado que faltan los enlaces a otros blogs y a las Webs, pero supongo que en unos días estarán puestos.
Pues nada, espero que os guste el nuevo “look” y que sigáis visitándolo.
Besitos y hasta otra.
Etiquetas: Noticias
Asociación de Autoras Románticas de España
El sábado día 7, dentro del marco de Las Jornadas sobre Novela Romántica de Sevilla, se dio a conocer el nacimiento de Adarde.
Tengo el privilegio de pertenecer a esta asociación y compartir ese honor con otras diecisiete autoras españolas. Espero que con el tiempo muchas más formemos parte de esta iniciativa.
Si queréis más información podéis entrar en el blog de Adarde.
Etiquetas: Noticias
Hola tod@s,
Me acabo de enterar de que mis novelas ya se venden en formato e-book.
Si os interesa saber más, podéis hacerlo aquí.
Es una buena noticia para los que, por diversos motivos, prefieren los lectores digitales.
Besitos.
Etiquetas: Noticias
UNA CONFERENCIA Y UNA MESA REDONDA INAUGURARÁN LOS DOS DÍAS QUE COMPONEN LAS JORNADAS
En la primera, representantes de tres de las webs especializadas en romántica más populares disertarán sobre La novela romántica hoy. En la segunda, seis autoras hablarán sobre Escribir novela romántica en español.
La programación de este año será jugosa. Empezaremos el viernes 6 de noviembre a las 18.30 horas con una mesa inaugural a cargo de Autoras en la Sombra (www.autorasenlasombra.com), Románticas al Horizonte (www.romanticasalhorizonte.es), y Cazadoras del Romance (http://cazadorasdelromance.fforum.biz/), que bajo el título La novela romántica hoy, nos darán una visión del género desde la apreciación y experiencia de cada una de estas webs. La intervención dará paso al primer grupo de debate, que se ha denominado Chequeo; el estado de salud del género y donde se discutirá sobre diferentes aspectos que permiten diagnosticar el presente del género romántico. Este primer día terminará con un cóctel de bienvenida para recibir a los asientes.
La segunda sesión comenzará a las 11.00 horas del sábado 7 con una mesa redonda moderada por Mª Jesús Sánchez (traductora, junto con José Miguel Pallarés, de las novelas de Stèphenie Meyer, "Amanecer", y "La huésped (The Host)", esta última en solitario). La mesa estará participada por las autoras Jezz Burning, Pilar Cabero, Mónica Peñalver, Ebony Clark, Olivia Ardey, y Megan Maxwell, bajo el título Escribir novela romántica en español. Aquí se dará una visión personal del proceso de escritura y el engranaje de las autoras hispanas en el mundo editorial. Seguidamente comenzará el debate amparado bajo el título La novela que viene, y que pretende dar un paso más allá sobre las conclusiones del día anterior y visualizar el futuro inmediato de la novela romántica en cada una de sus facetas.
Por último, recordar que este año son once las autoras que han confirmado que compartirán estos dos días con todos nosotros: Arlette Geneve, Mar Carrión, Claudia Velasco, Ebony Clark, Megan Maxwell, Mónica Peñalver, Jezz Burning, May Beneito, Olivia Ardey, Pilar Cabero y Teresa Cameselle.
PRIMERA SESIÓN, DÍA 6 DE NOVIEMBRE, VIERNES
LUGAR
Sala Almirante de los Reales Alcázares (Plaza del triunfo s/n, Puerta del león)
HORA
18.15 horas
PROGRAMA
18.15-18.30
Recogida de acreditaciones
18.30-19.15
Mesa inaugural: La Novela Romántica hoy
Participantes:
· Autoras en la Sombra (www.autorasenlasombra.com)
· Románticas al Horizonte (www.romanticasalhorizonte.es)
· Cazadoras del Romance (http://cazadorasdelromance.fforum.biz/)
19.15-21.15
Foro de debate: Chequeo; el estado de salud del género
22.00-…
Cóctel de bienvenida
SEGUNDA SESIÓN, DÍA 7 DE NOVIEMBRE, SÁBADO
LUGAR
Paraninfo de la Universidad de Sevilla. (Rectorado. C/San Fernando s/n)
HORA
10.45 horas
PROGRAMA
10.45-11.00
Bienvenida
11.00-11.45
Mesa redonda: Escribir novela romántica en español
Modera: Mª Jesús Sánchez
Participantes:
· Jezz Burning
· Pilar Cabero
· Mónica Peñalver
· Ebony Clark
· Olivia Ardey
· Megan Maxwell
11.45-13.45
Foro de debate: La novela que viene
13.45-14.00
Clausura de las Jornadas 2009
Para buscar más información pincha en este enlace http://lasjnr.com, allí la encontrarás y podrás inscribirte para acudir a las III Jornadas sobre Novela Romántica.
¡¡¡Ánimate!!!
Etiquetas: Jornadas de Novela Romántica
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