¿Por qué?

Estoy desolado. Tal vez en mi caso sería mejor decir: me siento deshojado. Vosotros decidid por mí, estoy demasiado molesto para pensar en esos detalles.

Mi ánimo fluctúa entre la pena y la rabia.

¿Que qué me pasa? Muy sencillo. Ayer me enteré de que Darío y Dorotea tienen problemas.

Vale, ya sé que muchos pensaréis que se veía venir y que sólo era el virus de San Valentín, pero el problema no es la falta de amor. No. Desgraciadamente, es mucho más rastrero que eso.

Ya os conté que Darío iba a hablar de Dorotea a sus hijos, pues bien, ¡ellos quieren poner fin a esa relación!

Ayer, todos nos enteramos en la biblioteca; Darío se lo estaba contando a uno de los ancianos. Daba pena verlo tan triste y abatido. No comprende que sus hijos se opongan sin, siquiera, conocer a Dorotea.

Ellos piensan que ya es demasiado mayor para esos líos. ¿Desde cuándo hay edad para el amor? ¿Acaso tiene una fecha de caducidad, como si fuera un yogur?

¡Por Gutemberg!

Definitivamente, no lo entiendo. ¿Qué problema hay en que dos adultos se quieran? Están solos y no hacen daño a nadie.

El hijo de Darío es un obseso del trabajo; no deja su BlackBerry ni dormido. Por supuesto no cree en el amor. Eso no es algo tangible, ni alguien a quien mandar correos. ¡Materialista tonto!

La hija ha tenido un divorcio bastante traumático. Tanto, que si se encontrara con Cupido, dispararía a matar. ¡Qué error!

Con hijos así era muy complicado que comprendieran sus sentimientos, pero aún así, no deberían dar por sentadas demasiadas cosas ni oponerse de esa manera.

Dorotea no ha venido hoy, imaginamos que estará muy disgustada. Tiemblo al imaginar cómo se sentirá.

¡Ay! So… solo pensarlo se me e… erizan las ho… hojas.

¡Bo… bobre mu… mujer!

Os… os dejo. No… bue… buedo ha… hablar de la be… bena y te… temo emborronar las le… letras con mi lá… lágrimas de tinta.

Has… hasta otra…

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19 comentarios:

Lhyn 4 de marzo de 2010, 15:37  

Ooooh, ¡No puede ser! Hijos metomentodo...
Pobrecito :(
¡No puedo esperar a ver qué hace Darío al respecto!

Un besete

Pilar Cabero 4 de marzo de 2010, 15:43  

Sí, es una pena.
A ver qué me cuenta nuestro libro.
Estaré atenta.
Besitos

Victoria Rodríguez 4 de marzo de 2010, 16:18  

Los hijos se vuelven muy tiranos a veces, ¿a qué sí? Pero estoy convencida de que Darío sabrá cómo salir de esta...

Pilar Cabero 4 de marzo de 2010, 16:29  

Pues sí, Victoria. Y también tengo la esperanza de que Darío sepa como lidiar con sus hijos.
Besitos

Doña María 4 de marzo de 2010, 20:27  

Los hijos, como los nietos, siempre acaban fastidiándolo todo. Lo siento por Dorotea, por Darío y por ese pobre libro que se está llevando un buen disgusto.
¡Espero que se arregle pronto, Pilar!
Un abrazo

Pilar Cabero 4 de marzo de 2010, 20:55  

Ay, doña María, espero que se equivoque y al final lleguen a un acuerdo.
Darío y Dorotea se merecen un poco de felicidad.
Besitos

Jo Grass 5 de marzo de 2010, 10:45  

Dios mío, qué pena, sentirse deshojado y que lágrimas de tinta emborronen esa alma de libro enamoradoooo.

Unas vacaciones sin la familia le vendrían bien.
Yo estoy de su lado y, si hace falta, le envío una amiga, encuadernadora artesana, que hace maravillas en su taller de tinta invisible, donde reconpone los deseos y permite que puedan continuar guardando sus secretos sin que ningún familiar desalmado les mate los sueños.

Besos

Pilar Cabero 5 de marzo de 2010, 14:23  

Jo, me has dejado sin palabras.
Eres una artista. Me gusta como te expresas.
Besitos

Jo Grass 5 de marzo de 2010, 14:39  

¡Qué ilusión me hace que TÚ me digas eso! Ojalá algún día encuentre una editora que piense lo mismo y acabe intercambiando impresiones con vosotras en Adarde o en las famosas jornadas de Sevilla, jaja
Soñar es gratis y no engorda.

Besos y buen fin de semana

Pilar Cabero 5 de marzo de 2010, 14:45  

Me haces sonrojar, cielo.

No pierdas la fe. Seguro que hay una editora esperando tu manuscrito. Solo hace falta dar con ella.

Para cambiar impresiones en las Jornadas de Sevilla no hace falta ser escritora publicada, jajajaja,
Besitos

Ángeles Ibirika 6 de marzo de 2010, 9:10  

Los padres tenemos la facilidad de ponernos, siempre, en el lugar de los hijos para comprenderles. Aún así, y cuando no entendemos sus acciones, las apoyamos de todos modos.
Luego, ellos se hacen mayores y no saben ponerse en nuestro lugar. Y, si no nos entienden, se vuelven tiranos y no ceden.
No dan lo mismo que reciben; no saben hacerlo.
Pero... con el tiempo... la vida los convertirá en padres ¡jejejejeje!

Besos, preciosa

Pilar Cabero 7 de marzo de 2010, 11:49  

¡Cuánta razón tienes, cielo!
Los hijos queremos vivir nuestra vida y que nuestros padres no se metan en ella, pero cuando se trata de ellos... tratamos de organizársela a nuestra conveniencia.
Besitos

Anna 7 de marzo de 2010, 15:05  

Que injusto que son sus hijos ¡¡egoistas!! pobre Dario, que conflito debe tener.
Un beso Pilar.

Pilar Cabero 7 de marzo de 2010, 15:07  

Anna, espero que se avengan a razones.
Besitos

Amber lake 12 de marzo de 2010, 13:16  

La verdad es que los hijos podemos ser muy egoístas e intransigentes. Deberíamos hacer nuestro el “ Trata a los demás como desearías que a ti te trataran”.
A ver si mi querido y sentimental libro puede hacer algo para remediar esa triste situación.

Pilar Cabero 12 de marzo de 2010, 13:22  

¡Cuánta razón tienes, Amber!
Esperemos que lo puedan solucionar y estos dos enamorados puedan disfrutar de su amor.
Besitos

erraol 14 de marzo de 2010, 17:35  

A mí me dan pena los hijos porque estoy segura que Darío y Dorotea saldrán adelante, me dan pena los hijos que no han aprendido a amar, y la culpa no es otra que de los padres, ese mismo Dario, que no les ha enseñado. Pero ¿quién ha dicho que es tarde para aprender?

Ana R. Vivo 14 de marzo de 2010, 17:47  

La verdad es que es así. Por triste que parezca, cuando dos personas tienen una segunda oportunidad, que no siempre ocurre, los hijos se encargan de hacerla desaparecer o de poner tantos obstáculos que al final esas dos personas desisten. Egoismo, lo llamo yo. Un beso, Pilar, y espero que se resuelva bien y sin tener que elegir entre unos u otra.

Pilar Cabero 14 de marzo de 2010, 18:12  

Erraol, hay mucha gente que no sabe o ha olvidado amar. Espero que los hijos de Darío abran los ojos antes de que sea demasiado tarde.

Ana, vamos a mantener la esperanza de que todo se solucione.
A ver si el libro nos cuenta algo pronto.
Besitos

Pilar Cabero - escritora

Pilar Cabero - escritora
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