Memorias de un libro romántico.

Hoy he vuelto a la vida a las ocho y diez. Sí, es verdad que ya había perdido la esperanza, después de haber visto durante todo el día cómo pasaban por delante de mí, ignorándome y en algunos casos despreciándome; a vosotros os pasaría lo mismo de estar en mi lugar. Veo cómo entran y se van presurosos a mirar a los estantes de la sección de novela, esperando encontrar algo que aún no hayan leído. Empiezan por las baldas de la A y desde ahí siguen hasta acabar en las de la Z.

Desgraciadamente, yo estoy en la C, muy cerca del principio, cuando los ávidos lectores pasan la vista por los lomos de los libros a toda velocidad. Más tarde, al llegar a la M, disminuyen ese apresuramiento. Algunos dicen que es porque ya están cansados de leer, con la cabeza ladeada, los títulos de las novelas. Yo, personalmente, opino que es porque a esas alturas, si no llevan algún libro bajo el brazo, dudan de que puedan encontrar algo en lo que resta de estantería y prestan más atención a los nombres escritos en los lomos. Siempre digo que los del final del alfabeto tienen más posibilidades que los del principio. Bueno, esa es mi opinión; otros no estarán de acuerdo conmigo.

También debo decir que prefiero que me pasen de largo a que me cojan al desgaire, miren mi portada y, con un rápido vistazo a la sinopsis de la contraportada, me vuelvan a colocar de malas maneras en la balda. Vale, entiendo que no te guste el argumento, pero, ¡por favor, ten más cuidado! Soy muy frágil y me puedo romper.

Otras veces es aún peor. Te cogen, te miran desde todos los ángulos, leen la trama, la vuelven a leer, tamborilean con las uñas sobre tu lomo (¿qué les parecería si Freddy Krugger les hiciera a ell@s lo mismo?) mientras tratan de recordar si ya te han leído. ¡Por Cervantes! ¿Qué tienen dentro de su cabeza? ¿Cómo pueden ser incapaces de recordar si te han tenido antes en las manos? ¿No tienen memoria?

Luego, tras mucho darle vueltas y más vueltas. (Agradezcan que no tenga estómago, de otro modo a más de un@ le habría vomitado encima un amasijo de palabras malsonantes para que aprendiera). A lo que iba: cuando se han cansado de voltearte y tienes todos tus signos de puntuación revueltos esperas que, por lo menos, te lleven a su casa. Pero no, ¡qué va! En ese momento te devuelven a la estantería y sin más continúan buscando otro libro. ¡No hay derecho! ¡Después de hacerme ilusiones! ¿Es que no tienen corazón? Definitivamente prefiero que me pasen de largo, no te da tiempo de abrigar esperanzas. Si va a ser malo, que suceda lo más velozmente posible.

También hay personas que, en cuanto te toman en sus manos, sienten que ya te han tocado antes; les notas sonreír con cariño y te colocan con sumo cuidado de nuevo en tu lugar, casi con pena. En esos casos, les perdonas que no te lleven.

Mi vida, aquí en la Biblioteca Municipal, empieza cada mañana a las diez y termina a las ocho y media de la tarde. Los otros libros y yo, (sí, es en el único momento en el que tanto las novelas románticas, negras, de ciencia-ficción, históricas, biográficas... nos ponemos de acuerdo. Generalmente, las novelas de amor estamos en el último escalafón de la literatura, cerca de los panfletos publicitarios), cuando llegan las ocho comenzamos la cuenta atrás perdiendo, con cada segundo que nos acerca a la hora de cierre, la certidumbre de que ese día nos sacarán de esta aburrida espera. ¿Os he dado pena? ¿No? Me lo imaginaba, pero tenía que intentarlo.

Volvamos a lo que nos interesa. Ya eran pasadas las ocho de la tarde cuando ella ha entrado en la biblioteca. Todos nosotros (me refiero a los libros de género romántico) hemos aguantado la respiración, encogiendo el lomo, para que nos deslizáramos con facilidad de entre los demás cuando ella nos seleccionase. Yo no la conocía en persona, pero había oído hablar de ella. Sabía que, cuando aquella mujer devolvía un ejemplar, éste llegaba esponjoso, con todas las hojas bien separadas. No como ese libro de la sección T, al que entregan con las hojas tan pegadas como cuando se lo llevaron. Seguro que no lo leen, pero como es un libro serio, que da prestigio a quien lo porta, lo suelen sacar muchas veces. ¡Bobadas! Más vale ser libro de bolsillo releído, que tomo encuadernado en cuero sin leer.

Ha empezado a mirar desde la sección A, pero no como otros, no. Ella ha leído cada uno de los títulos lentamente, acariciando los lomos de los libros, como si los mimase. ¡Pura delicia! Estaba a punto de comenzar con la sección C cuando una amiga le ha pedido que le recomendase un libro. ¡Gutenberg, ten piedad de mí, no dejes que la entretenga! La mujer, ajena a mi sufrimiento, le ha aconsejado uno de la sección G, explicándole, de paso, parte del argumento. Mientras la amiga se dirigía allí, podía sentir desde mi puesto, que el libro nombrado licuaba su tinta de puro gozo. ¡No es para menos, se lo iban a llevar!

¡En fin! Héme ahí, con todas las letras alborotadas de puros celos, esperando que aquella lectora posase los ojos ávidos sobre mi cubierta gastada; rezando el alfabeto con fe y tratando de que aquellos excitados caracteres regresaran a sus lugares, no fuera a ser que ella no entendiese ni una palabra de mi romántico argumento y me abandonara sin poder leerme.

“Celada, María —recitó la mujer—. La promesa”.

¡Ese soy yo! A, B, C, Ch, D, E... ¡Me va a coger! F, G, H, I... ¡Venga, venga, venga! J, K, L... ¡Ya, ya, ya! ¡SÍÍÍÍÍ...!

Lo ha hecho. Me tiene en sus manos. Soy feliz. ¡Por favor, por favor, que no me deje ahora! Sé que estoy implorando, pero no me importa. El orgullo a veces no sirve de nada y esta es una de esas ocasiones.

Está observando mi portada. No es porque sea la mía, pero os tengo que advertir que está muy lograda. Sobre un fondo de montaña, un hombre... ¡y qué hombre!, mostrando su pecho musculoso, abraza a una muchacha vestida con traje de época que parece resbalar de entre sus poderosos brazos. La pareja, con el cabello arremolinado, se mira con pasión, ajenos los dos a la tormenta que se fragua en el cielo. Al llegar a este punto tengo que aclarar que a mí los hombres no me van (para el caso, tampoco las mujeres). Los que inflaman mi lomo, los que hacen que me tiemblen las pastas de placer, son esos volúmenes antiguos de cuero repujado que... Suficiente, eso no viene al caso. ¡Ah, por si las moscas! Hay algunos libros de bolsillo que tampoco están tan mal, ¿eh?

A juzgar por los suspiros que lanzan, algunas mujeres (y hombres, ¡que también me leen!) cuando miran mi portada, deduzco que ese sujeto está muy bien. Pasen por la Biblioteca Municipal y a la izquierda, en el pasillo de las novelas, en la balda de la C, ahí estoy yo. Razonad vosotr@s mism@s.

Pero me estoy enrollando y no os explico lo que de verdad interesa. Así pues, ella ha visto mi portada y le ha gustado, pues sonríe de medio lado. Siento que está tratando de averiguar el argumento de la novela tan solo observando a la pareja, pero es tarea harto difícil. Generalmente, no tienen nada que ver. Desalentada, me da la vuelta y comienza a leer el resumen de la trama.

No os voy a aburrir con ello. Baste decir que entre mis páginas hay la suficiente dosis de aventuras, misterio, intriga y pasión como para enganchar a cualquier lector o lectora. En serio, ¡las portadas engañan! Si lo sabré yo.

Algunos dirán que no es un argumento como para ganar un Nobel de Literatura, pero no está tan mal; cosas peores se escriben y se leen.

La mujer ha suspirado y me sujeta contra su corazón antes de continuar buscando más libros. No me importa compartirla, porque sé con seguridad (varios libros me lo han confirmado) que ella me dedicará toda su atención cuando llegue el momento. No me olvidará sobre la encimera de la cocina, sin ningún cuidado por si me mancho de grasa, ni me leerá mientras se desahoga sentada en el inodoro (¡qué ordinariez!); ni me llevará a la playa para que mis hojas se resequen bajo un sol de justicia, se llenen de arena y se manchen con el bronceador de protección treinta, ni me dejará sobre la mesilla de noche bajo la jarra de agua cual vulgar posavasos. ¡No! Ella se sentará cómodamente en su sillón preferido y descifrará mi grafía con cariño, casi como una amiga. Se introducirá en la trama imaginando a los personajes, disfrutando con sus aventuras, sufriendo con sus desgracias y alegrándose por ellos al llegar al final. Y cuando cierre mis pastas suspirará con una sonrisa tierna.

¡Ay...! Perdonad que me emocione. Tan solo soy un libro de edición de bolsillo que tiene sentimientos. Dejadme saborear este placer durante unos días, hasta que ella me devuelva a la biblioteca, con las hojas peinadas una a una por sus manos. Y aquí me quedaré, a la espera de que alguien sepa apreciar otra vez mi lectura.

No me puedo quejar; lo cierto es que esta vez he parado muy poco en mi querida balda. Ayer me devolvieron aquí después de haber estado una semana en casa de mi anterior lectora.

Ella es una mujer de mediana edad que se pasa sola la mayor parte del día. Sus hijos se van a primera hora de la mañana: el mayor está estudiando (no se lo cree ni él) medicina y la pequeña está terminando 4º de E.S.O. El marido trabaja de pasante en una notaría y ella apenas le ve. Lo cierto es que se siente un poco triste y a mí me ha dejado muy preocupado. Cuando regrese a la biblioteca les preguntaré a los otros libros para saber que tal está.

Aunque no os lo creáis, al final terminas tomando cariño a tus lectores. Los hay de todo tipo y condición. La mayoría, como os estáis imaginando, son mujeres. Me enorgullece decir que cuando terminan de leerme se sienten un poquito más felices.
Mientras estoy en sus casas soy espectador de muchas cosas. En algunas ocasiones he sido testigo de infidelidades, abusos y hasta malos tratos.

Ocurrió en una ocasión: un marido bastante pasado de copas me lanzó contra su asustada mujer, mientras la acusaba de leer ¡basura! A ella le puso un ojo morado y yo, desde entonces, tengo algunas hojas despegadas del lomo. El último libro que esa mujer se llevó nos informó que se ha separado del orangután de su marido y que ahora está mucho mejor. Ni qué decir tiene que todos nos alegramos por ella.

Algunas veces he visto escenas que me han hecho sonrojar. Y luego dicen que lo que sale en los libros románticos es pura fantasía. ¡Ay, si yo les contara! ¿Pero qué tonterías digo? De todos es sabido que la realidad supera a la ficción.
En una ocasión tocó la lotería en la casa donde estaba. A mi lectora, de la emoción, se le olvidó devolverme a la biblioteca y durante casi dos meses fui testigo de su alegría.

AVISO: Si estás leyendo esto, te indico que me entregaste sin haberme leído.

He estado en hospitales, clínicas, peluquerías, coches (a más de un@ le he alegrado el día durante un atasco), residencias de ancianos (con ellos el problema es que te pasas el rato temiendo perder alguna letra con tanto tembleque), tiendas de todo tipo (odio cuando me leen en la pescadería o en la carnicería) y en los autobuses (aquí lo más divertido es que te leen varios a la vez).

Lo cierto es que me siento muy feliz de ser como soy y espero que cuando pases por la biblioteca te acerques a echarme una miradita; a lo mejor te llevas una sorpresa.

Hasta que nos veamos.

Por Pilar Cabero. Todos los derechos reservados©

13 comentarios:

Kiantra St. Leger 15 de noviembre de 2008, 19:59  

¡Por Cervantes!

Me ha encantado, tanto es así que he dejado enfriar el café, ese para calentarme el cuerpo.
Ahora mañana me paso por la Biblioteca Pública y acaricio todos los libros de romántica que vea, pero antes permíteme comenzar por los míos propios.

Y ya que estamos por pedir no quede, necesito más como las memorias de un libro de romántica, la razón es bien sencilla, si dichos libros y lo sé por experiencia al igual que tú dices, te dejan una sonrisa dibujada en el rostro, efectivamente y un suspiro largo y embriagador, está sensación es la misma exactamente al finalizar este escrito tuyo.
Así pues ya sabes más, más y más.

Un gran beso.

Maria Jesus 15 de noviembre de 2008, 20:53  

Hola Pilar, me ha encantado, ¡genial!!

Espero poder seguir leyendote, que como siempre, es un grandísimo placer.

Un abrazo muy fuerte de tu amiga:
MJ

Sugar 16 de noviembre de 2008, 1:47  

Muy bonita entrada, Pilar. Bienvenida a este mundillo de los Blogs.
Un beso

McDolmar 17 de noviembre de 2008, 15:30  

Un relato excelente !!!!

Lo he disfrutado muchísimo, e incluso ha terminado emocionándome, solo los verdaderos lectores sabemos apreciar un escrito como éste, porque sentimos cada pensamiento como propio, aunque sean los del punto de vista de un libro, sabemos de qué esta hablando y, sí, soy de las que cuando entra en una biblioteca suele repasar con un dedo los lomos de los libros de la sección romántica y tengo la manía de ponerlos en orden si veo alguno mal puesto o descolocado... las bibliotecarias ya me conocen, e incluso me temen jajajaja, sobretodo cuando me pongo tozuda diciendo, qué hace un Linda Howard en la sección General cuando tendría que ir en la de Romántica? tenemos cada tute... (*_-)

Enhorabuena por un escrito con tanto corazón y por dejarnos escuchar, por unos instantes, los pensamientos de unos "amigos" que nos son tan nuestros ...
:-*
DOLORS

Ayr 17 de noviembre de 2008, 16:57  

Un relato precioso, Pilar.

¡Que disfrutes de este nuevo mundo blogero!

Ana (una de tus compis de taller)

Hatsetshut 18 de noviembre de 2008, 16:52  

Hola bombón ¡me ha encantado! Me has hecho retroceder a tiempos pasados, cuando era asidua de las bibliotecas...mmmm... ese olor inolvidable (treinta años han pasado y lo reconocería en cualquier parte)... ese silencio... todo esos susurros... la esperanza de haber acertado....en fin, todo un mundo de recuerdos y sensaciones.
Un beso grande, grande
Hat

erraol 21 de noviembre de 2008, 8:52  

¡Pilar! ¿cómo voy a poder trabajar después de leer esta entrada? deberían de pegarla en todas las bibliotecas españolas, y en todos los coles, me ha encantado, ha reflejado el sentimiento del libro que es tan parecido al de los amantes de la lectura, es precioso.

Solicito tu permiso para colgarlo e SD, ¡porfis, porfis...!

Un abrazo y espero con gusto tu siguiente entrada

Dama_Blanca 25 de noviembre de 2008, 23:19  

¡Precioso! Si un libro llegara a tener sentimientos (tengo dudas respecto a que no los tengan) serian exactamente los que tu muy bien has descrito. Hasta me ha dado penilla el podre...
Todo libro debería tener la oportunidad de ser tratado con respeto, cariño y cuidado, sin importar del tema que trate.
Creo que me voy ahora mismo a acariciar mis pequeños tesoros de estanteria!!

Un besazo!! ^_^

Pilar 26 de noviembre de 2008, 11:06  

¡Muchas gracias por vuestros comentarios!
Eso me anima a seguir escribiendo.
Besitos.

jonny 18 de febrero de 2009, 16:19  

OOOh, he llegado un poco tarde, pero más vale tarde que nunca; es sublime este relato, ¡¡¡me encanta!!! Yo soy fiel de las bibliotecas (también de las librerías) en estos tiempos de crisis, y la verdad, miro todos los libros, uno por uno, hasta encontrar el o los que me gustan; es la primera vez que me pongo en la piel del libro, intentando sentir lo que él en esa espera, en esa incertidumbre; es como ir a un casting o a una entrevista de trabajo, siempre con el miedo a que te rechacen. Te felicito sinceramente, y lamento haber tardado tanto en descubrir este joyita.

Pilar Cabero 18 de febrero de 2009, 16:31  

¡Muchas gracias, Julia!
Yo también soy una asidua de las bibliotecas.
El relato se me ocurrió una tarde después de salir de allí con un par de libros románticos. Los dos tenían una portada... un poco subida de tono, jajaja
Me dio vergüenza que me vieran con ellos; luego, por un momento, me puse en la piel de los pobres libros. ¿Qué culpa tenían de sus portadas?
Aquella tarde decidí no volver a forrarlos.
Besitos.

Noelia Amarillo 24 de enero de 2010, 22:27  

Ains, que bonito, si ha habido partes que me han emocionado... cuando la mujer mima los lomos, acaricia las portadas... ains... Por cierto estoy totalmente de acuerdo con el libro, no se deben llevar al inodoro!! a mi me da una cosa cuando veo a mis hijas sentadas en el water leyendo uno de sus libros... ufff... lo odio!! para esas situaciones, las revistas, historias cortitas y mucha foto para no despistarte de los apretones!

Pilar Cabero 24 de enero de 2010, 22:45  

Me alegra saber que te ha gustado.
Lo empecé como un simple relato, pero mi amigo quiere seguir contando sus cuitas y ya ves...
Besitos

Pilar Cabero - escritora

Pilar Cabero - escritora
Bienvenida amable lectora y también a ti, lector, a mi humilde casa. Elige un sitio para sentarte y ponte lo más cómodo posible. Sí, ese de ahí está bien. Deja las prisas fuera y disfruta del momento. Puedes quitarte los zapatos y arrellanarte en el sofá. Si tienes paciencia y esperas un poco, pondré algo de música para ambientar. Espero que pases un rato agradable y siéntete como en tu casa.

Puedes escribirme en: correo
Gracias por tu visita.

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